You are here:--Feminismo liberal o individualista, un oxímoron.

Feminismo liberal o individualista, un oxímoron.

Pocos temas de debate suscitan a día de hoy una división de opiniones tan grande como el feminismo. Para algunas personas, académicas, se trata de un movimiento que lucha por igualar los derechos de la mujer a los del hombre, para otros, más pragmáticos, es un grupo fanatizado que llega, en muchos casos, a actuar de forma histérica y radical. Haciendo un ejercicio de honestidad intelectual, reconoceré que el feminismo no es un grupo definido, estanco y bien delimitado si no que es un árbol con muchas ramas, muy diversas, que tuvo sus distintas olas y evolucionó con el tiempo, pero un árbol, eso sí, de raíces profundamente colectivistas. 

La definición que solemos encontrarnos por feminismo, la definición que muchas feministas dan a su movimiento de cara a la galería, viene siendo lo siguiente: “Doctrina y movimiento social que pide igualar los derechos de la mujer allí donde estos mismos estén tradicionalmente reservados al hombre.” A priori entendemos pues, que el feminismo busca la igualdad, lo cual puede parecer loable, pero si profundizamos un poco en esto, caemos en la cuenta de que es un movimiento que trabaja por favorecer a la mujer allí donde es desfavorecida, no donde cuenta con ventaja, asunto que abordaré más adelante cuando hable acerca de la palabra de moda: “el patriarcado“. Es falso, ciñéndonos a la definición académica, que el feminismo trabaje por proteger al hombre del machismo, como también es falso afirmar que busque la igualdad, pues no lo haría en aquellos supuestos en los que la mujer se encuentre en una posición privilegiada.

Conviene hacer un inciso antes de continuar, para desterrar uno de los mitos más extendidos de nuestra sociedad, que es la idea de que la igualdad es necesariamente buena. Los seres humanos no somos iguales, no solo porque existan una serie de características que no elegimos al nacer como son el sexo, la raza o la orientación sexual, si no porque cada ser humano es único, (La minoría más pequeña del mundo es el individuo. Aquellos que niegan los derechos individuales no pueden pretender además ser defensores de las minorías-Ayn Rand) siendo que somos distintos, no solo en cuanto a aptitudes, también en capacidad de esfuerzo, lo cual el liberalismo conoce bien puesto que fomenta la meritocracia. El feminismo busca la igualdad entre ambos sexos, el liberalismo reconoce la igualdad jurídica, permitiendo que hombre y mujer compitan y facilitando que la mujer pueda desempeñarse en cualquier ámbito, sea masculino o no, no lo impone obviando una serie de realidades como son las disimilitudes biológicas innegables entre hombres y mujeres. No solo existen diferencias cerebrales, si no que los varones tienen mayor propensión a sufrir enfermedades hereditarias que ellas. El carácter es diferente en buena parte debido a las hormonas, las mujeres tienen más fibras nerviosas, los varones suelen ser más fuertes pero menos longevos y sobre todo: las mujeres dan a luz y amamantan, los hombres no. Somos distintos, no mejores ni peores, diferentes, pero complementarios. No tomar en cuenta estas diferencias biológicas es un error terrorífico. ¿Quiere esto decir que debe haber espacios reservados a cada sexo? No, en absoluto. Quiere decir que es entendible que haya tareas que en general, un sexo desempeñe mejor que el otro, que ambos sexos deben competir en igualdad y que no se deben imponer hándicaps para crear una falsa igualdad forzosa que aniquile la competitividad y la meritocracia.  

Volviendo al feminismo, difícilmente podemos hacerlo compatible con el individualismo, siendo un movimiento colectivista. Conviene recordar sus orígenes y ver su evolución hasta la fecha, intentando encontrar puntos en común entre el liberalismo y el feminismo, así como las discrepancias entre ambos movimientos. La primera ola, a la vista de que el liberalismo ya había permitido, rompiendo con los modelos anteriores, permitir la propiedad y la obra a las mujeres, se concentra en el derecho al sufragio para la mujer. Esto no es algo genuinamente feminista, puesto que, por ejemplo, el derecho al voto femenino en España lo peleó y consiguió la liberal Clara Campoamor. Ya en esta primera ola, el feminismo mostraba su otra cara, la menos amable, la misándrica, que se esconde detrás de la careta de igualdad, y es que fue en el año 1914 las feministas sufragistas colocaban plumas blancas a los jóvenes británicos, varones, que no querían ir a combatir en la Primera Guerra Mundial, como símbolo de cobardía y falta de virilidad. Este concepto en el cual la igualdad solo se defiende a conveniencia y en el que no todas las vidas valen lo mismo, será una constante como veremos a continuación. Pues, bien, feministas de la época tan prestigiosas como Emmeline Pankhurst apoyaron esta idea y se expandió por otras naciones que avergonzaron así a todos los varones que no quisieron tomar las armas. Uno pensaría que obtenido el derecho al voto, los movimientos feministas perderían su poder. No fue así. Como en todos los colectivismos, tienden a crecer desmesuradamente conforme avanzan en el tiempo y al igual que otros movimientos sociales, busca consolidarse hasta transformarse en un lobby de poder. Se inicia, pues, la segunda ola. Esta ola estuvo enfocada en lograr una serie de privilegios para la mujer, debido a que le son denegados al hombre, pero en este caso son entendibles puesto que son diferencias biológicas, que le imposibilitan a padecerlas. Esto, no obstante, no lo justifica del todo, puesto que no debe recaer la responsabilidad sobre el empleador, pero sin ánimo de extendernos mucho, veremos que se enfocó sobre todo en el ámbito laboral y que estos derechos fueron la baja por maternidad o por cuidado infantil entre otras. Conviene destacar que no se pidió en ningún caso, que el varón disponga de días libres para ejercer su paternidad, lo cual choca de nuevo con la idea de que se pregone la igualdad. En este caso, consolida la estabilidad laboral de la mujer, en detrimento del varón y del empresario. Es en esta época cuando comienza a ganar en virulencia el feminismo, si bien no alcanza las cotas actuales; la activista feminista, Valerie Solanas, publicará, en el año 1967 el Manifiesto Scum, la Biblia o libro de cabecera de cualquier feminista en nuestros días. Comparto aquí un extracto del mismo para luego poder comentar el nuevo giro que toma el feminismo a partir de esta fecha: 

Siendo una hembra incompleta, el macho se pasa la vida intentando consumarse, volverse mujer. Trata de hacerlo a través de una búsqueda constante, fraternizando e intentando vivir una fusión con las mujeres, reclamando como suyas todas las características femeninas – fuerza emocional e independencia, fortaleza, dinamismo, decisión, tranquilidad, objetividad, asertividad, coraje, integridad, vitalidad, intensidad, profundidad de carácter, afirmación del yo, etc. – y proyectando en las mujeres todos los rasgos masculinos – vanidad, frivolidad, trivialidad, debilidad, etc. Sin embargo, podría decirse, que el macho tiene una superioridad evidente sobre las mujeres – las relaciones públicas. (Él ha hecho un trabajo brillante al convencer a millones de mujeres, que los hombres son mujeres y las mujeres son hombres). La demanda masculina de que las mujeres encuentren su realización a través de la maternidad, no es sino un reflejo sexual de lo que ellos piensan los satisfacería si fuesen mujeres. Manifiesto SCUM ,Valeria Solanas 

Podemos ver que se introduce algo que es una constante en el feminismo actual, el maniqueísmo de atribuir inferioridad o maldad al varón y superioridad y bondad a la mujer. Esto servirá de abono para terminar de consolidar al feminismo como ideología colectivista y haciendo uso de la dialéctica marxista, otorgar a la mujer el rol de proletario y por ende oprimida y al varón el rol de burguesía y por tanto de opresor. Se inicia la tercera ola. El feminismo de tercera ola es por su amplitud el más difícil de entender, porque surge de la teoría de que en sus anteriores olas tenía fallas por estar orientado hacia las mujeres de raza blanca occidentales. Se divide pues en múltiples ramas, unas de las cuales defenderán la libertad sexual de las mujeres, otras en cambio, criticarán abiertamente la prostitución y la pornografía por considerar que buscan satisfacer a los hombres y que son complacientes con el patriarcado. Algunas se orientarán en las mujeres de raza negra, por considerarlas doblemente oprimidas por su sexo y raza, otras en las mujeres lesbianas o bisexuales, enlazando con el lobby LGBTT y por supuesto, centrándose en los transexuales. Podemos a grandes rasgos, no obstante, definir este heterogéneo conjunto como un feminismo marcadamente rupturista y marxista. Aquí, en este punto de posible no retorno, el feminismo se vuelve completamente paranoide y acusa abiertamente al hombre de la desgracia de la mujer, considerando que existe una deuda histórica, que la mujer ha sido tradicionalmente discriminada y que, por tanto, el hombre debe resarcirla ahora por los abusos del pasado. Sobra decir, que un hombre como individuo, no tiene la culpa de lo que otros hombres hagan, ya que no es su responsabilidad, pero que es completamente ridículo que deba pagar por lo que personas que ya no están vivas hiciesen cuando él aún no había nacido. Conceptos clave se manejan en la dialéctica feminista, patriarcado, feminicidio, empoderamiento, machismo y sororidad son algunos de los términos que caracterizan su discurso y que veremos a continuación. ¿De dónde surge este feminismo de tercera ola? Conviene recalcar que se trata de un movimiento colectivista como ya hemos visto, así que bebe directamente de las fuentes marxistas. No en vano, en el año 1884, mientras Engels publicaba su libro “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado“, basado en las notas de Karl Marx, tenía lugar la “convención de Seneca Falls“, que ya enlaza ambos colectivismos y parodia la declaración de independencia de los Estados Unidos de América. Desde este momento y cada vez con mayor virulencia, el feminismo irá en esta misma dirección, a día de hoy es sumamente clara la vinculación entre estos movimientos, pues cuando de señalar enemigos se trata, la palabra “heteropatriarcal” suele venir acompañada de “capitalista” o “neoliberal“. Es a las claras del todo incompatible el feminismo con el liberalismo o el individualismo, es más, no es preciso siquiera reformar el feminismo para que se amolde al liberalismo, pues las pocas partes positivas que puede aportar el feminismo a la sociedad, ya van incluidas en el liberalismo, de forma más concisa y clara, ya que no se limita a garantizar que se respeten los derechos de las mujeres como colectivo, si no que se los confiere de forma directa a todas ellas como individuos. El feminismo, como otros colectivismos, ha demostrado ser insaciable en cuanto a sus pretensiones, ya que, una vez quedaron satisfechas las causas por las que, en teoría, el feminismo tenía razón de ser (si bien no fue gracias al movimiento feminista, si no a los cambios que garantizó el liberalismo, al reconocer a la mujer el derecho a la vida, la propiedad y la libertad, así como al fomentar la incorporación de la mujer al trabajo, haciendo que goce de mayor autonomía, independencia económica y libertad) ha continuado con exigencias cada vez más disparatadas, hasta el punto de convertirse en una parodia de sí mismo y en un movimiento histérico y sociópata, que ve opresión y discriminación en cualquier tipo de conducta por inofensiva que sea. Así pues, el feminismo no se conformó con la igualdad y sus nuevas propuestas, son agresiones brutales contra la masculinidad, considerando opresión el hecho de que un hombre viaje en el transporte público con las piernas distendidas, que los iconos de los semáforos sean un monigote neutro y no una mujer, que el lenguaje emplee el masculino en los sustantivos en plural y toda una sarta de tonterías englobadas dentro del neotérmino “micromachismo”. Ahora bien, es lógico que nos surja una pregunta:
¿Por qué la mayor parte de las ramas del feminismo actual atacan al modelo liberal que tanto bien ha proporcionado a la mujer? ¿No busca el feminismo empoderar a la mujer? 

La pregunta es fácil de responder, porque no buscan emancipar a la mujer del hombre, no buscan derechos, si no privilegios. En un estado en el que funcione el feminismo institucional, la mujer no es independiente, si no dependiente del estado, puesto que es más provechoso que el rol proveedor lo tenga el gobierno a que lo tenga el hombre y por descontado muchísimo más provechoso que buscar tu propio sustento y tener que competir y esforzarte para prosperar. El estado gana, puesto que las mujeres suponen la mitad de la población, siendo un importante granero de votos, la mujer gana por otro lado privilegios denegados al hombre y en detrimento del hombre, que así se ve transformado en un ser indefenso ante la jurisdicción, cuyo rol de proveedor se ha mantenido vía contribuyente so pena de castigo pero que ha perdido los beneficios de ser cabeza de familia. Lo peor de todo esto no es que el hombre pase a ser un ciudadano de segunda, si no que se ha perdido toda suerte de voluntariedad y que el varón actúa coaccionado por el feminismo institucional. Hay otra razón por la que la mujer sale beneficiada a pesar de causar un grave perjuicio al hombre, el feminismo institucional, como en el caso de España, permite fallos favorables haciendo uso de las denuncias falsas, suelen obtener casi toda la custodia de los hijos, la atribución de la vivienda hasta que se emancipen, cuantiosas pensiones por manutención y en caso de haber mutua violencia, el hombre sale peor parado. Además, el feminismo afecta también a la libertad económica y a las relaciones laborales, las famosas cuotas de género, impuestas por el estado, garantizan plazas, generalmente en trabajos bien remunerados y cómodos, exclusivamente para mujeres, que acceden a esos trabajos no por ser competitivas y esforzarse, si no por su sexo. Es fácil entender el porqué tantas mujeres apoyan el feminismo, pero como sucede en otros colectivismos, los militantes no son los más beneficiados, si no los líderes, burócratas y dirigentes. Los institutos de la mujer, organizaciones feministas, fundaciones de la mujer, órganos y ONGs feministas, así como las activistas, líderes, escritoras y organizadoras, reciben cuantiosas partidas de dinero público que pagamos todos como contribuyente. Su trabajo no se limita a evitar la violencia, acoso o discriminación que puedan sufrir las mujeres, va más allá y trata de visibilizar a la mujer en todos los campos ventajosos, muchas veces de forma grotesca, como en los retratos de vaginas o pinturas realizadas con flujo menstrual, amén de señalar supuestos casos de machismo y misoginia en una auténtica caza de brujas. 

A día de hoy, el feminismo está muy presente en la vida pública de la mayor parte de los países occidentales, si bien es un movimiento heterogéneo, estaremos de acuerdo en señalar que la mayoría son marcadamente anticapitalistas y bastante liberticidas. Sus campañas de censura, acoso y derribo son frecuentes y no son pocos los grupos sociales que han sufrido su violencia, desde centros de culto hasta artistas e intelectuales, pero si hay algo que es una constante en el discurso feminista es su ataque a la libertad de mercado. Parece que el fin último de este movimiento es favorecer el estado socialista y si profundizamos en el estudio de los movimientos de izquierda vemos que el fracaso del bloque soviético es uno de los múltiples factores que favorecen el auge del feminismo, pero antes de comentar brevemente el marxismo cultural, Gramsci y la Escuela de Frankfurt, rescataré un texto de mi autoría, que no comentaré ni profundizaré en él puesto que es una realidad bastante obvia que todo lector entenderá bastante bien:
“El feminismo es más virulento y cuenta con más integrantes en donde más libertad tienen las mujeres, España dentro del sur de Europa, Suecia de los países del norte, Argentina en América Latina… Falta en los países socialistas, falta en los países musulmanes, falta en el África negra. El feminismo está donde puede actuar como un lobby de poder, no donde a priori debería hacer falta.”
 

El colapso de la Unión Soviética no pilló desprevenidos a muchos comunistas, que se vieron, intuyendo el fracaso, en la obligación de “reciclar” o “reinventar” las tesis marxistas para ganar adeptos. Antonio Gramsci fue un pionero en este aspecto, su tesis se basaba en la idea de que la estructura de poder del capitalismo no se encontraba únicamente en el Estado, pues en este caso sería fácil sustituirlo, sino que es inherente a la cultura y que para cambiar esto, se debe cambiar la mentalidad de las personas, en pocas palabras, defiende la idea de que se debe adoctrinar a las personas a través de la educación y de los medios de comunicación para controlar el poder. A diferencia de otros marxistas, él sabía que el modelo capitalista es exitoso, no creía pues en la idea fatalista de que el capitalismo colapsa por sí solo y entonces vía revolucionaria se implanta el socialismo, lo cual explica en su trabajo “Materialismo histórico“. Casi un siglo después, podemos afirmar que su postulado ha sido tenido en cuenta, no son pocos los docentes, medios y artistas de izquierdas que se muestran activos en la difusión de sus ideas. La Escuela de Frankfurt, por su parte, se opuso a la idea de que el socialismo sí se había implantado, para de esta forma distanciarse de los fracasos de la URSS y de la China Maoísta. Esta idea sigue vigente a día de hoy, por ello hemos visto como, por citar un ejemplo, muchos teóricos e intelectuales socialistas afirman que en Venezuela no hay socialismo si no capitalismo de Estado. El marxismo cultural, por último, es el modelo de pensamiento según el cual, la lucha de clases que predicó Marx en la cual los burgueses son privilegiados, acaparan el poder y oprimen al proletario, puede trasladarse a todas franjas demográficas y sociales, de esta forma, los hombres oprimen a las mujeres, los blancos a otras etnias, los heterosexuales a otras orientaciones sexuales, el ser humano a los animales, y los cristianos a otros grupos religiosos. Es más fácil ganar adeptos ampliando el abanico ideológico para luego unir todos los militantes en un frente común antiliberal. En teoría destruir al varón blanco heterosexual y a la familia tradicional, permite implantar el socialismo puesto que es la familia como institución quien permite el libre mercado y el varón hetero de raza blanca quien se ve beneficiado. Esto obviamente es falso. El marxismo cultural, por otra parte, suele estigmatizar a quien no comulgue con el mantra, para censurar, acallar y extirpar a los opositores. Nadie quiere ser apartado de la sociedad, todos sabemos que ser tachado públicamente de racista, machista, fascista u homófobo tiene consecuencias, son una acusaciones muy graves que pueden condenarte a la marginación social ya que la mayor parte de las personas desaprueban este tipo de conductas, no obstante, se hace, de nuevo, un ejercicio de maniqueísmo, pues en la mayor parte de los casos, la persona señalada no es fascista, machista ni nada similar, pero para lograr acallar al discrepante, se afirmará que es machista si no es feminista, aunque no sean antónimos, o de racista si no aprueba que el estado apoye el multiculturalismo, el cual favorece las ayudas económicas a inmigrantes que llegan atraídos por el estado de bienestar y no por la idea de prosperar en el país receptor mediante la integración, el trabajo, el ahorro y la inversión.  

El discurso feminista hace uso de la dialéctica marxista como vemos, atribuyendo el rol de privilegiado al varón, para ello, hace gala de varios términos bastante impactantes pero de escaso significado, que nos sonarán a todos por la frecuencia con que se utilizan y que desglosaré a continuación, explicando brevemente su significado y porqué es falso:

Feminicidio: consiste en el delito de odio de asesinar a una mujer por su condición sexual, esto es, por el simple hecho de ser mujer. Es famosa la consigna feminista “nos matan por ser mujeres”. Se manejan frecuentemente las cifras de feminicidios, para escandalizar a la población y mostrar la necesidad del feminismo para combatir este problema tan real. Esto es falso. Las muertes por violencia doméstica, deben condenarse y debemos trabajar para extirpar este cáncer, pero el móvil del asesinato no es el hecho de que la víctima sea mujer, si no que son crímenes pasionales, crímenes que también padecen los hombres y las parejas bisexuales u homosexuales, pero que en este caso son invisibilizados mientras se magnifica el daño que padece la mujer.  

Empoderamiento: Adquisición de poder e independencia por un grupo desfavorecido. Este término podría ser correcto de darse dos supuestos, primero, que las mujeres fuesen sistemáticamente oprimidas a consecuencia de su sexo, segundo, que verdaderamente buscasen independencia. No es así y se traduce en recibir más facilidades laborales, fiscales, sociales, judiciales o de otra índole a través del estado. El feminismo no solo no empodera a la mujer si no que la priva de sus libertades, una mujer que no es feminista será llamada alienada o cómplice del patriarcado, una mujer que quiera ser ama de casa será llamada retrograda y una mujer que quiera alquilar su vientre o prostituirse será acusada de vendida.

Patriarcado: El patriarcado es la organización social en la cual los hombres acaparan el poder. El patriarcado es el enemigo imaginario de toda feminista, equivalente al demonio de los cristianos. Para el feminismo, existe una conspiración en la cual los hombres conspiran para oprimir a las mujeres, coartando su libertad, privándolas de sus derechos y explotándolas, según su teoría, todo hombre es un privilegiado y una mujer por el mero hecho de serlo será discriminada. Algunas más moderadas, creen que el patriarcado casi se ha superado, para otras está totalmente en vigor. La brecha salarial es un argumento empleado con frecuencia de cara a hablar del patriarcado, supuestamente, los hombres empobrecen premeditadamente a las mujeres pagándolas sueldos más bajos, pero lo cierto es que ninguna empresa española paga menos a una mujer que a un hombre por desempeñar el mismo puesto de trabajo, las mismas horas, con las mismas condiciones. La brecha salarial se justifica de forma deshonesta, dividiendo los ingresos femeninos entre el número total de mujeres y contrastándolo con el de los hombres, obviando que hay más amas de casa que hombres encargados de las labores domésticas, que los hombres tienen más pluses como el de antigüedad porque llevan más tiempo incorporados al mercado laboral o que las mujeres estudian carreras peor remuneradas. Algunas personas creen que el feminismo actual está del todo injustificado pero que en el pasado si tuvo una razón de ser, puesto que antes sí que la mujer era desfavorecida en detrimento del varón. Esto tampoco es cierto. La sociedad occidental previa al liberalismo, contaba, en efecto, con roles de sexo, había tareas exclusivas para cada sexo, pero no era una sociedad misógina, sí paternalista con la mujer. La mujer era privilegiada en muchos aspectos. En caso de calamidad, desastre o catástrofe, las mujeres eran evacuadas antes que los hombres junto a los niños, las mujeres estaban exentas de ir a la guerra en caso de conflicto bélico y al igual que sucede ahora, menos mujeres vivían bajo el umbral de la pobreza que hombres. La sociedad ha cambiado y en algunos casos era más favorable al varón y en otros a la mujer. El patriarcado en la actualidad tampoco está vigente como tal, si lo estuviese, los varones no sufrirían mayor tasa de indigencia, alcoholismo o dependencia a las drogas que las mujeres, no se invertiría más dinero en la investigación del cáncer de mama que de próstata a pesar de que se pronostican un número similar de casos y un largo etc.

Sororidad: La sororidad es la solidaridad entre mujeres. Surge de la necesidad de enfrentarse a la fraternidad, que es el altruismo entre varones. Bien. Es falso que los varones conspiren y se apoyen para oprimir a las mujeres, dado que el patriarcado no existe, no hay, por tanto, necesidad de una “sororidad”. Además, el hecho de excluir a los varones es sexista y discriminatorio. Equivale a la conciencia de clase del marxismo. La vinculación entre feminismo y comunismo es tan clara y notable que el acto es el mismo, cambian los personajes.

Machismo: Machismo es presuponer inferior a la mujer. Tal vez existan hombres que consideren a la mujer inferior, pero también el feminismo lo hace, de hecho, rebaja a la mujer al nivel de discapacitada, exigiendo que el estado intervenga para apoyarla, puesto que en teoría ella es incapaz de lograr estar a la altura del varón por sus propios medios.

En Logroño, a día 24 de septiembre del 2017, por Miguel González. 

By | 2017-10-29T23:11:28+00:00 septiembre 25th, 2017|Categories: Blog|Tags: , , , |2 Comments

About the Author:

2 Comments

  1. David Zaplana diciembre 7, 2017 at 5:50 pm - Reply
  2. Ana marzo 12, 2018 at 3:49 pm - Reply

    Agradezco el artículo de opinión. En algunas cosas estaré más de acuerdo y en otras menos. Lo que sí es cierto es que me alegra ver una postura defensora del individualismo. Yo como mujer no me siento mujer, me siento individuo más que nada. Siento que el feminismo de género le da mucha importancia a ser hombre o mujer, además de ser condescendiente con posturas individualistas.

    Yo en la sororidad añadiría, que es absurdo dar apoyo y credibilidad a un individuo sólo por su sexo. Siempre hay que dudar y buscar más información.

Leave A Comment

Centro de preferencias de privacidad

¿Quieres cerrar tu cuenta?

Se cerrará tu cuenta y todos los datos se borrarán de manera permanente y no se podrán recuperar ¿Estás seguro?